Hablando de despechos y otras desavenencias

tusawUsualmente catalogamos de despechos a los fracasos sentimentales, definiendo despecho por algo que una amiga me dijo “des=desde” el pecho, y es porque se asocia con una sensación de dolor en el pecho en donde se siente desgarro y desazón, es algo en lo que no vamos ahondar por las diferentes expresiones que puede tener. Esto porque el llamado “despecho” no solo se siente por las relaciones seudo amorosas que uno pueda tener, entendiendo relaciones mas fuertes que se pueden generar son mas fuertes como la amistad (aunque muchos no crean en ella)

Cuando la mente no está…

animalpuracallewSantiago miró su reflejo en el espejo roto, buscando entre los pedazos que aún quedaban un recuerdo, una imagen que le fuera familiar, algo… algún indicio que le indicara por qué estaba allí y por qué su rostro no le parecia conocido…

Recuerda haber estado caminando en la noche con su maleta llena de libros, una botella de Vodka y un regalo envuelto en papel metálico rosa… pero ahora, no poseía ninguno. Estaba en medio de la nada… con un espejo en la mano, buscando respuestas en una mente a la que ya no le quedan recuerdos, una mente vacía del pasado pero llena de preguntas por el futuro.

Revisó sus bolsillos esperando no encontrar nada… pero de uno de ellos sacó un papel escrito a mano que decia: “Búscame… encuéntrame”

 

Filomena y sus 12 Probetas.

filomenawFilomena es una chica, nacida en el planeta Tierra, aunque algunas veces pareciera que viene de la Luna, su mente tiene la habilidad de desconectarse de la realidad y aunque ella lo considera una ventaja única, sus amigos, conocidos y familia, piensan que algun tornillo le falta, sin embargo es feliz o bueno intenta serlo todos los dias.

El desconectarse del ahora, es para Filomena su método de escape, es la posiblidad de escaparse de la realidad, una que la absorve, una que la atrapa y le roba como cual vil sanguijuela, la vida. Antes era para ella un verdadero problema, ahora lo considera un don o ¿A quién no le gustaría en algún momento o situación, simplemente desaparecer?.

Análisis de experiencias comunes en el surgimiento de “ciudades invisibles” para fortalecer memorias colectivas que aporten a la creación de nuevos modelos de hábitat en la ciudad

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La construcción de país y de territorio es fruto del trabajo mancomunado, de intereses y necesidades comunes. La experiencia que nos ha tocado es, la de comunidades enteras buscando un sitio en donde meter la cabeza, una manera bastante básica de ver la vivienda, pero así ha sido. En un país con territorio aproximado de 1’141.748 Km2 en extensión terrestre,  Colombia  es un país donde las comunidades retoman el territorio para legitimar su derecho a una vivienda digna.

Para hablar de esta historia partiremos del año 1966, y el fenómeno que pareciera soluciona por el momento el problema agudo de la falta de vivienda en el país, se trata de El Movimiento Viviendista que se gesta a lo largo de todo el país, en un momento en donde el estado no puede responder a las demandas de sus ciudadanos, son ellos los que por iniciativa propia empiezan a generar soluciones alternativas, por supuesto que no significan que sean apropiadas, o que sean del agrado de todos, pero generan cambios, no solo en lo inmediato, si no que también a lo largo de la historia.
El Movimiento Viviendista se caracteriza por sus métodos poco ortodoxos, pero efectivos, este se encarga de organizar poblaciones y comunidades extensiones de tierra dentro del territorio Colombiano, y asentar familias enteras formando comunidades y solucionando el problema de vivienda que no es nuevo en el país, éste se extiende rápidamente hasta llegar a la ciudad de Bogotá, ciudad en desarrollo.

La capacidad de recibir población desplazada y campesinos que llegan a vender su mano de obra es poca, entonces varias casas y haciendas empiezan a cubrir la necesidad de hábitat, se crean los llamados inquilinatos que son casas con muchas habitaciones “cuartuchos” que no garantiza las mínimas de vivienda digna, en estas son alojadas familias enteras, la ciudad empieza a crecer y la urgencia de tener vivienda también.

El proyecto de ciudad es un reto, pero los trabajadores no dan espera, y la propuesta de tomarse territorios en la ciudad capital empieza a ser una opción, hacia los años 70 se inician las reuniones de arrendatarios en Bogotá, con el fin de solucionar de alguna manera el problema de la falta de vivienda. La estrategia es la organización y así se inicia la toma de uno de los cerros nor orientales de Bogotá,  con mujeres, hombres, jóvenes y niños. El cerro es una montaña, no hay mas construcciones que unas escaleras que llevan a un castillo de unos antiguos hacendados.

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La determinación de la gente es clara, el derecho a una vivienda no sería fácil, el terreno es una montaña, con una inclinación de 15°; entonces, lo primero que se  hace es llegar en grupos de familias a construir casetas en tela asfáltica y varas de madera, con el fin de garantizar la posesión del territorio, y poderse establecer en él,  había que sumar la precariedad en los servicios básicos como agua potable, alcantarillado, electricidad, etc. Se garantizaba entonces el tener un territorio donde poder construir no solo en términos estructurales, si no (sino) también en relaciones y crear lazos comunitarios.

Se levanta una comunidad que puede crear alternativas en conjunto para solucionar las necesidades que se tienen, se consigue el acceso a servicios básicos y se garantiza la educación, pero hay nuevos retos en una ciudad con tantas contradicciones como Bogotá y mas cuando la comunidad de la que hablamos está ubicada en el norte, donde se puede ver un contraste social drástico, donde la opulencia y pobreza se ven cara a cara cada mañana y lucha por mantenerse. En este sentido vemos como la auto determinación de las comunidades es decisiva para el logro de los objetivos trazados, las necesidades no se pueden negociar, son situaciones que se deben solucionar y esto es lo que puede fortalecer una propuesta social económica y cultural, la ciudad tiene tantas contradicciones y tal vez es donde se puede notar de manera drástica la poca sostenibilidad que tiene este modelo económico neoliberal, ya que por una parte no puede sostener a los trabajadores, ni brindarles la mínima de  supervivencia

La Génesis de una Pasión

No fue de la noche a la mañana que adquirí este gusto y pasión por el café, pero no cualquier café… por el realmente bueno. Mi madre ciertamente no consideraba un acto fatal que su niña comenzara a tomar a tan temprana edad (8 años). Uno que otro sorbo de esta bebida que debo confesar, me sabía a diablos… pero su aroma me gustaba. Claro, para ese entonces, bebíamos el café normal… el que todos toman, con azúcar (¡error fatal!) y acompañándolo con algún panecito, pasaboca o galleta (¡segundo error fatal!).

Continué creciendo así como mi gusto por el café. En mis épocas de trasnocho universitario era mi compañía más preciada, no porque me ayudara hacer el desvelo más fácil (la cafeína nunca me espantó el sueño) sino porque su sabor (que ya me había cautivado) me encantaba y al mismo tiempo me quitaba el frío… pero continuaba bebiendo el mismo café comercial de siempre… ese que mi abuelita preparaba, el mismo que mi mamá por aquello de que “Mejor malo conocido que bueno por conocer” usa actualmente, (no he logrado hacer que cambie de opinión, jum!)

Y sin percatarme, el café siempre ha estado presente en mi vida: En las reuniones con amigas donde ellas bebían Capuccino de sabor X o Café Latte, en mi casa en las tardes el típico tintico endulzado con panela, en reuniones familiares donde se acostumbraba y se acostumbra aún a tomar el conocido carajillo (Un tinto fuerte sin azúcar y con aguardiente) o simplemente después de almuerzo para evitar el sueño… ha sido esa presencia desapercibida pero permanente… tanto así que para ese entonces y tempranamente, ya los males del cuerpo comenzaban aparecer y mi médico se salía de casillas literalmente cuando le decía: “No nos engañemos Doc, que usted sabe que prefiero que me prohíba el agua, pero no el café”.

Fue en esa época, que un amigo, “mi Mentor”, me abrió las puertas a un mundo inexplorado, a variedades que no conocía, a sabores y profundidades que me conquistaron… fue así, como conocí que el café, el buen café, existía, y con él me esperaba un mundo lleno de sabores.

El recorrido por el universo del café, inició en el centro de Bogotá, donde en un olvidado centro comercial, que en su época fue parte de la crema y nata de la sociedad bogotana, se encontraba un “puestico” muy modesto, debo decir, para la cantidad de sensaciones que me haría despertar.

Foto: Manuelhache, 1950.                     Manuelhache,1950.

Recuerdo mucho lo que mi Mentor me dijo: “Tómese este tinto y dígame a que le sabe”… – Pues a Café le respondí luego de beber el primer sorbo. “Vuelva a tomar, pero no piense y concéntrese en su boca y en su naríz”. ¿Cómo…? Y al ver su expresión de: “Simplemente tome y no pregunte” hice caso, cerré los ojos y con la mente en blanco, olfateé ese café que tenía en la mano… y fue curioso debo confesar, porque al sentir su aroma no sólo el del café en sí, percibí también un aroma cítrico… como a limón y a su vez dulce. Sé que mi Mentor lo supo… acto seguido me dijo, siga con la mente en blanco y ahora beba… aquel café era diferente: su sabor tenía una marcada acidez pero a la vez un dulzor y su aroma una pronunciada  presencia a limón… yo no entendía como un café que estaba sin azúcar conservara un sabor dulce. Ese día mi Mentor me recordó, que el café es una fruta y es una fruta dulce.

Al terminar la tarde, ya habíamos tomado una cantidad considerable, cuyos efectos aparecieron en la noche. Sí, para aquella época, la cafeína tenía un efecto bastante evidente en mi organismo… efecto que con el tiempo desaparecería pero nunca lo haría éste gusto por aquella bebida… bebida que apenas comenzaba a enseñarme su universo maravilloso de sabores, aromas y variedades.

Nuestras visitas a los cafés continuaron y con ellas vinieron las interacciones con los dueños de aquellos sitios, a quienes siempre mi Mentor preguntaba: ¿De dónde viene el café? ¿A qué altura está ese sitio? ¿Cuánto tiempo tuvo de fermentación?… Nunca entendía por qué preguntaba siempre lo mismo…  Pensaba: ¿Qué carajos tiene que ver el lugar del cultivo, la altura y la fermentación con el café que bebíamos siempre?… De eso depende todo, respondió. De eso y otras cosas depende la calidad del café…

Y adivinen  qué tuve que hacer… Sentarme a leer.