Tubérculos des-motorizados

La agricultura tiene su encanto así se realice en una terraza y en llantas. Simplemente a modo de registro compartimos las imágenes de una sesión de mantenimiento de nuestra pequeña unidad de producción:

Antes del mantenimiento. La teníamos abandonada…

Tener una unidad de estas es como tener una mascota, involucra trabajo diario o al menos regular, cuando no se hace se acumula el mantenimiento, la tierra se compacta, se llena de maleza.

Aún en estado desatendido, funciona perfectamente como un procesador orgánico de basura, actualmente se tienen 11 llantas de tamaño mediano/grande (tipo camión/camioneta, se comenzó con 3 llantas de taxi), toda la tierra ha sido generada haciendo compostaje de basura doméstica. No se procesa restos de comida cocinada, ni bolsas plásticas.

Las papas que no se habían sembrado de manera planeada, crecen de las cáscaras de la basura y aparecen como premios, al final de la jornada de limpieza y remoción de tierra se obtienen alrededor de unas 3 libras de tubérculos de todos los tamaños, las tres variedades de papa de consumo capitalino (“pastusa”, “criolla”, “sabanera”) junto con cubios blancos, chuguas, algunas arvejas y frijoles.

Ya hay plantas que no es necesario sembrar como la caléndula (las semillas están regadas en la tierra) o la yerbabuena (un trocito de raíz forma una planta). Aunque esta última tiene el efecto inverso de que compacta la tierra y hasta se ahoga a sí misma si se deja crecer sin cuidado, por eso fué necesario aprovechar la ocasión para separarla en otro recipiente.

Se conserva el hinojo (sus semillas saben y huelen a aguardiente), el apio (partiendo una especie de “tuberculos” que tiene se generan nuevas plantas), la uchuva (tiene un proceso similar al del apio, aunque crece sóla desde las semillas de los desperdicios) y el romero que es un poco más delicado y de crecimiento lento.

La basura con la que regularmente se alimenta el sistema, también deja varios aguacuates, la idea es convertirlos en bonsai. Se tiene también para ello, un “cedro sabanero” que regalaron en cierto evento de innovación de la capital.