Como que estoy descubriendo que no soy colombiano

Nuestros problemas como país comienzan desde nuestro propio nombre, no creo que seamos la Tierra de Colón, nuestros colores patrios son extrañamente concordantes con la república española y fuimos fundados por riquillos que no querían una nación sino la renta de la corona (obviamente comieron mier… para hacerlo pero la sangre la pusimos [email protected]).

Al aceptar nuestro nombre, se acepta la depredación y la subordinación a la aplanadora europea.  Se comprende dicho nombre porque hace 200 años habría sido difícil bautizar estas tierras, la mística de nuestros abuelos naturales y la fuerza africana eran verguenza, ellos eran hijos de esclavos y vistos como animales de trabajo. La voluntad de nuestros criollos tenía los pies aquí pero la autoestima en Francia e Inglaterra.

Hoy, teniendo en cuenta que somos tal vez la nación más mestiza del mundo, donde la mounstruosidad y la fantasía duermen juntas, donde los ángeles se acuestan con los demonios (se reproducen y hasta son electos), donde lo mejor que tenemos es nuestra gente y lo peor que tenemos también… ¿como encontrar una palabra decente y fuerte que nos represente como nación?

Nuestro imaginario adopta estéticas y cosmovisiones externas, lo cual no es malo, lo que es malo es que nos creamos más  mexicanos que Pancho Villa, más rastafarios que el Marley (puedo seguir citando ejemplos) y es una evidencia de nuestra crisis de identidad.

Hay varias alternativas, la resignificación es una. Los tres colores pueden comprenderse NO como esa historia del amarillo de nuestra riqueza que se roban y seguimos regalando, del rojo de la sangre que derramaron los -heroes- y que no ha dejado de derramarse, ni el azul del mar que nos separa de España y que sigue negociando por debajo de la mesa la oligarquía que nos domestica.

Estos tres colores representarían mejor la mezcla infinita de nuestras gentes. Por estas tierras caminan las ideas supremacistas blancas más rancias que se pueden conseguir, África está viva, tiene acento paisa, costeño o pacífico y nada más es ver los rasgos de algun@ que se sienta a nuestro lado, para detallar en su mirada, en su color, en sus formas, el tumbao ancestral. Muy humildemente este crisol de gente puede constituir una esperanza para el futuro de la especie humana, porque si en este revuelto, nosotros somos capaces de coordinar coherentemente una borrachera con un guayabo (con todas sus implicaciones), todavía hay un rayo de luz para estos homínidos. Aún sigue siendo más fácil tomar una foto 2×4 a 100 monos psicoactivos para una primera comunión o una circunsición colectiva, que lograr coordinar a 25 de nosotros para que jalemos con disciplina para el mismo lado por el bien común… aunque eso esta cambiando y en ciertos ámbitos no tan santos se logra con naturalidad.

Con relación al nombre yo no le daría vueltas y aprovecharía a Macondo. Es el nombre de un árbol gigante de excelente madera de nuestras tierras y es también el sitio mítico del libro más importante de la lengua española (si Don Quijote se hubiera escrito en estos tiempos, habría sido una variación macondiana). Nos impusieron con sangre esa lengua, es un hecho, pero la naturaleza humana es interesante, porque cuando hay fortaleza, se responden con abundancia los agravios, esa es la característica de las naciones nobles, nuestro complejo de inferioridad no nos permite ver eso, nos han repetido infinitas veces lo contrario hasta convencernos. El tal libro del macondo es un regalo de estas tierras, que uno de sus naturales pudo escribir porque se salvó de las mano de la estupidez, tenía estrella y disciplina de granito para su trabajo (ojalá JGarzón se hubiera también fugado a México, estaría vivo y tal vez estaría haciendo puntos en la historia universal, porque sus vidas tienen coincidencias. No hay nada más peligroso en un crisol de diferencias, que aquel que es capaz de hacernos conscientes de ellas, casi siempre son artistas los que lo hacen).

Macondo es ya una palabra mestiza, que suena bien en el idioma blanco y es sinónimo universal de estas tierras (más aún que el mito de El Dorado), porque en el universo del libro mágico, cabemos todos: la mística ancestral, la herencia africana, las contradicciones criollas.

Conviene conservar los tres colores pero resignificados, y para la articulación con los experimentos vecinos de nación, se puede usar otra expresión macondiana: La Patria Grande (es más que utópica la reagrupación de la misma, incluyendo Panamá, Venezuela, Ecuador, lo que regalamos a Perú, a Brasil, el mar que vendieron hace unos días, la parte de Nicaragua, etc), el primer paso sería articular un mercado común entre ellas, dicho mercado debe surgir desde las zoociedades cíviles a uno y otro lado de las fronteras, lo demás se caería por su propio peso, eso sí llevaría su tiempo.

Según el anterior carreto, no me sentiría para nada incómodo presentarme como un hijo de la Unión Macondiana de Naciones, compuesta por la Nación Caribe, la Santandereana, la Cundiboyacense, la Llanera, la Paisa, etc. y la Nación Originaria (que agrupa a las más de 30 naciones ancestrales que sobreviven).

¿Por qué preocuparse por estas estupideces? sencillo, si no estamos conscientes de quienes somos, nunca sabremos para donde vamos, cualquier camino será bueno y seguiremos hipnotizados por párasitos de corbata QUE SE HACEN LLAMAR COLOMBIANOS y nos ofrecen la salvación desde sus partidos políticos, sus iglesias, sus corporaciones, desde el socialismo, desde el neoliberalismo  y desde cuanto -ismo se les atraviese y les nutra sus bolsillos.

Macondiano que se respete no come cuento, lo exporta. Un macondiano hace respetar la plaza, pero abre las puertas a quien venga a trabajar y a gozarla. El macondiano no copia, reutiliza, mejora y genera ganas de ser copiado… un macondiano tiene la capacidad de pintar de colores la realidad, cualquier ser humano que pase por estas tierras debería cambia el prisma con el que percibe el mundo. La misión de los (…)-paridos de estas tierras es darle color a la existencia pero no dejar que les sigan pintando la cara…

¿Qué otras construcciones de identidad se podrían usar para definirnos como nación (una palabra, una bandera, donde quepamos [email protected] pero que sea realmente nuestra)?, acá se hizo con macondo…

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